Desde hace más de un año se ha tejido una relación polémica entre el presidente argentino Javier Milei -figura de la ultraderecha y aliado estratégico de Estados Unidos- y el actual gobierno de México. En paralelo, América Latina ha virado en su mayoría hacia gobiernos de izquierda y centroizquierda: Gustavo Petro en Colombia; Yamandú Orsi en Uruguay; Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y, por supuesto, Claudia Sheinbaum en México, quien mantiene el legado político de Andrés Manuel López Obrador.
Aunque la región no vive una hegemonía izquierdista absoluta, sí existe una evidente tensión ideológica que ha escalado a nivel mediático y diplomático.
El primer choque ocurrió en 2024, cuando Milei declaró, durante una entrevista con el periodista Andrés Oppenheimer previa a las elecciones mexicanas:
“Es un halago que un ignorante como López Obrador hable mal de mí, me enaltece”.
A ello se sumaron críticas directas al “populismo” latinoamericano, del cual responsabilizó por la pérdida del 80% del ingreso de los argentinos y un aumento de la pobreza superior al 50%. López Obrador respondió defendiendo su modelo de gobierno y calificando los dichos de Milei como un ataque gratuito.
Pero la historia no terminó ahí.
Este sábado 6 de diciembre, desde un Zócalo lleno en el marco de la celebración por los 7 años de la Cuarta Transformación, Claudia Sheinbaum lanzó un dardo directo a Milei sin mencionar su nombre, al presumir los avances en recaudación durante 2025:
“Para que tengan una idea, lo que recaudó México es lo que Argentina pidió este año a Estados Unidos. Incluso más”.
La presidenta enfatizó que esos recursos -501 mil millones de pesos adicionales- se destinan a los Programas del Bienestar, beneficiando a 32 millones de familias sin condicionamiento electoral. Un mensaje claro: la política social mexicana no depende del endeudamiento exterior y sí de un modelo que presume justicia y soberanía. O al menos, ¿habrá sido eso lo que quiso decir?






