Bajo Perspectiva de Nancy Alvarez
¿En serio estamos “erradicando la masculinidad”? ¡Ahora resulta que las mujeres estamos fracasando!
Que alguien le explique a Chicharito Hernández que las mujeres hemos vivido en modo supervivencia desde el inicio de la vida moderna. Y que sí, hemos tomado terreno, pero no precisamente pasando sobre los derechos de los hombres.
¿Estamos hipersensibilizando a la sociedad? ¿Sostenemos el hogar limpiando y recibiendo? ¿Ese es, de verdad, el lugar más preciado para los hombres? ¿Eso es lo que nos hace “mujeres”?
No me pude quedar callada, y menos indiferente ante los dichos del futbolista de las Chivas, respecto a su perspectiva de la realidad que vivimos -y enfrentamos- muchas mujeres (y hombres) en el México de 2025.
El pacífico discurso inicia con un “no le tengan miedo a ser mujeres, a ser lideradas por un hombre”, como si jamás hubiera sido dirigido por una mujer. Estoy segura de que, durante toda su carrera como figura pública y deportista, hubo decenas de mujeres detrás de su imagen, sus relaciones y su trayectoria, liderando incluso su comportamiento. Aunque claramente no en su manejo de redes y marketing. Y es que sí, ¡estamos aterradas! porque sabemos, que en tiempos modernos, ya casi nada es para siempre.
Luego continúa con un monólogo que intenta mostrarse como “un hombre bueno que no comprende al mundo de hoy”, disfrazando el machismo de vulnerabilidad. Expresa una necesidad de equilibrar a la familia por medio de roles tradicionales, pretendiendo que las mujeres deben recibir… y limpiar… a cambio.
Estoy segura de que miles de hombres se sintieron comprendidos por su ídolo. Sin embargo, la realidad va mucho más allá de cocinar, limpiar, recibir y “dejarse amar”. Esto representa un peligro. Porque cuando un hombre con millones de seguidores usa su voz para marginar a la mujer, demuestra una profunda incomprensión del contexto de una lucha colectiva que por siglos ha sido encabezada por mujeres… y también acompañada por hombres.
La verdad es que el romanticismo patriarcal no beneficia a nadie. Menos en una sociedad donde el índice de madres solteras sigue en aumento y, en la mayoría de los casos, las razones son: violencia de género y abandono.
Vamos con los datos duros:
En México, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia, y el 40 % ha sido por parte de su pareja. Además, según información de El País, entre 2018 y 2022 se han registrado 17,776 asesinatos de mujeres. La razón, en la gran mayoría de los casos, es una sola: el machismo.
En la última década, se ha duplicado -de forma alarmante- la tasa de violencia familiar y sexual en los 32 estados de la República. Tan solo en febrero de este año, las denuncias formales aumentaron más del 7 %, lo que representa un pico histórico.
Mi intención no es invisibilizar el punto de vista de Chicharito -porque en este espacio de comunicación respetamos que se habla Bajo Perspectiva propia-, sin embargo, es válido expresar que, como mujer, este discurso me parece alarmante. Usuarios de redes sociales han viralizado una narrativa que normaliza los estereotipos de género, dañando la integridad de la mujer que, con gran esfuerzo -e incluso, con vidas de muchas detrás de ella- ha logrado posicionarse en el mundo económico, social, político, cultural, artístico… y más.
Las mujeres no somos líderes por aplastar masculinidades.
Nos hemos hecho campo con nuestras propias manos, luchando contra estereotipos como:
“lo lograste por ser bonita”,
“le gusta al jefe”,
“lo anestesió con la mirada”…
y muchas más frases que demeritan la inteligencia y capacidad de quienes -detrás del éxito- han enfrentado abandono, discriminación, violencia física, emocional, verbal, económica… y más. Hablamos en este contexto, porque por supuesto, historias existen miles, y reconozco que muchas mujeres, como en mi caso hemos llegado al peldaño siguiente gracias al respaldo familiar y no me avergüenza decirlo, también de la pareja. Pero repito, son diferentes contextos y narrativas.
¿Sabías, Chicharito, que en México el 35 % de las empresas tienen a mujeres en altos cargos directivos? No lo digo yo: lo dice un estudio de Grant Thornton.
Y podría seguir enlistando a grandes mujeres que han llevado un legado empresarial en las manos, incrementando la inversión internacional en nuestro país, gracias a su visión, inteligencia y, sí, su intuición nata para navegar el duro mundo de los negocios.
Entonces… ¿de qué nos sirve volver al viejo rol de “esperar limpiando en casa” mientras los chicos se divierten?
El trabajo del hogar es necesario, claro. Pero tanto hombres como mujeres, vivan en matrimonio o en pecado -como sea- tienen el derecho y la obligación de aportar para vivir en un espacio digno.
El trabajo doméstico forzado y no remunerado dificulta enormemente el empoderamiento económico de las mujeres.
Y este discurso duele, preocupa. Porque aunque se disfraza de paz y se expresa en tono “inofensivo”, el mandato de “la mujer buena” empieza a ser borrado… para ser sustituido por “mujer capaz”.
Porque eso somos. Capaces.
Cuando Chicharito habla de “recibir”, no se refiere a construir.
Se refiere al conformismo de “dejarse amar”, reduciendo la dignidad femenina a una relación que no exige reciprocidad, sino solo aceptar lo que él está dispuesto a entregar.
La “madurez emocional masculina” que expone en el video romantiza la idea de la mujer abnegada y amorosa que no espera nada a cambio.
Una especie de robot que limpia y agradece, pero que no propone ni improvisa.
No. Limpiar nuestro hogar no está mal.
Tampoco recibir afecto de la pareja que decidimos amar.
Estar y aceptar que tu ayuda es vital para fortalecer el hogar es un honor.
Lo que está mal es el discurso que limita la funcionalidad de la mujer a quedarse esperando, sumisa.
Sí, el amor es entrega. A veces, incluso sumisión.
Pero de ambos lados.
Amar es crecer juntos, juntas, juntes.
Si esperas que tu pareja se quede solo en la comodidad, eso habla más de tu mediocridad como ser humano, porque el progreso es cosa de dos. En este caso.
¿Y si cambiamos el discurso?
¿Y si, en lugar de “quiero que limpies”, empezamos con un “cocinemos juntos”?
¿Y si aceptamos que ambos nos elegimos por sueños y metas en común?
Ahí se los dejo.






